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El 21 de octubre de 1937 caía el frente norte, con la entrada y toma de Gijón por las fuerzas golpistas del fascismo. En ese momento, se abrió un periodo aún más trágico, la Represión franquista. Muy aguda hasta mediados de los 50 pero que se mantuvo durante toda la dictadura. Más de 26.000 asturianos perdieron la vida.

Miles se encuentran aún hoy desaparecidos, pero no olvidados. A pesar del miedo no se olvida. A veces solo se repetía en soledad, otras, en voz baja, se contaban los recuerdos, se marcaban los lugares donde se sabía que la barbarie había arrojado cuerpos, personas, muchas veces aún con vida.

Gracias a esa memoria que no nos pueden arrebatar, a los recuerdos de cada una de las personas que no permitieron que las atrocidades cayeran en un olvido total, vamos completando los vacíos de nuestra historia.

Tenemos el deber de restituir la dignidad a cada persona que fue asesinada, represaliada, por defender su libertad, por creer que nadie es esclavo de nadie, por pedir un trabajo digno y un trato justo, por defender y ejercer en suma los valores de la solidaridad.

Hoy, otro octubre de demasiados años después, se realiza otro paso en la restitución de la justicia y la dignidad de nuestras libertades. Hoy se saca al dictador de una tumba pública, porque no cabe reconocimiento a quien se levantó contra la democracia, ejecutó, encarceló la libertad y el futuro de generaciones de españoles.

Hoy la democracia les da una nueva lección a los fascismos, porque los restos del dictador se entregan a su familia, ¡¡¡¡pero, cuántas familias aún desearían poder recuperar a los suyos¡¡¡¡

La Ley de la Memoria es justicia, es dignidad. Quienes pretenden empañarla con falsas acusaciones de revancha, y acusan de querer abrir heridas del pasado, en realidad sólo nos muestran que los fascismos siguen vivos.

Defendemos esta ley, y celebramos actos como éste porque celebramos el triunfo de la democracia, de los valores de la libertad, celebramos la pluralidad de pensamiento, y condenamos a los totalitarios, al fascismo del pasado, y del presente, porque nuestro sueño socialista es la justicia, la dignidad, la libertad y la igualdad.

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